Carta del equipo coordinador de la campaña

Como equipo coordinador de la campaña de UNESCO para sensibilizar a la población de Centroamérica y República Dominicana sobre el tráfico ilícito de bienes culturales, quisiéramos compartir algunas reflexiones sobre los ejes temáticos de la campaña.

Para nosotros siempre ha sido importante que la campaña ofrezca información para hacer hincapié en el daño que genera el tráfico ilícito de bienes culturales y en la enorme dimensión del fenómeno en la región. Sin embargo siempre tuvimos claro que nuestro deseo, en conjunto con UNESCO, es que el énfasis de la campaña se focalice en lo que nosotros como ciudadanos podemos hacer para combatir este fenómeno criminal. Por ello, después de reflexionar sobre cuáles son las acciones que podemos llevar a cabo, definimos una propuesta de tres acciones consecutivas que a su vez se convirtieron en los tres ejes temáticos de la campaña: conocer, valorar y proteger nuestro patrimonio cultural.

El primer paso es conocer nuestro patrimonio cultural. La vorágine de la vida cotidiana y de los problemas que aquejan constantemente a nuestros países nos ha impedido en muchos casos desarrollar dinámicas de conocimiento, preservación y difusión tanto de nuestros saberes y patrimonios culturales como de nuestra historia en general. Es imprescindible que brindemos nuestra atención en estos procesos y generemos espacios de acceso a este intercambio de información sobre nuestro patrimonio.

Ahora bien, al tener acceso a esa información el siguiente paso es valorar su importancia en nuestras vidas. Es fundamental que entendamos que nuestro patrimonio cultural es la imagen patente y actual de nuestra identidad, es el elemento que nos cohesiona como comunidad y que nos permite posicionarnos de forma crítica como individuos y como sociedad frente a la realidad y sus problemas. También es importante darnos cuenta que los bienes y saberes culturales están ahí para que nos apropiemos de su poder simbólico y lo incorporemos a nuestras cotidianidad: son una fuente inagotable de conocimientos y valores estéticos y políticos que enriquecen el sentido de nuestras vidas.

En ese sentido, el saqueo sistemático e indiscriminado de nuestros bienes culturales es un ataque directo a nuestra cultura, por lo tanto a nuestra identidad colectiva. Así que el tercer paso de nuestra propuesta es generar conciencia de la necesidad de proteger nuestro patrimonio. Para ello no sólo basta con conocer y valorar nuestros bienes y saberes culturales. Es necesario compartirlos en nuestro círculos sociales, generar discusiones y señalamientos sobre los eslabones de la cadena de tráfico, ejercer presión desde nuestras comunidades para que las autoridades lleven a cabo acciones concretas para combatir este flagelo. El patrimonio cultural es de todos y por lo tanto todos debemos protegerlo: sólo en la medida en que cada sector de la sociedad cumpla con las acciones que le corresponden podremos disminuir el tráfico ilícito. Nosotros, como sociedad civil, podemos defender nuestro patrimonio cultural si nos preocupamos conocerlo, valorarlo y protegerlo.

Esperamos fehacientemente que esta campaña sea un aporte en la dirección que plantean estos tres ejes temáticos en la región de Centroamérica y el Caribe. Aún queda mucho trabajo por hacer, pero es así, con esfuerzos colectivos y coordinados, que podremos asegurar la permanencia y protección de nuestros bienes culturales, no sólo para nosotros mismos si no para todas las generaciones futuras en nuestra región.

Convención de 1970

Desde finales de los años 1960 y comienzos de 1970, los robos se han incrementado permanentemente, tanto en los museos como en los sitios, especialmente en los países del Sur. En el Norte, a los coleccionistas privados y, a menudo, a las instituciones oficiales, se les proponen cada vez más obras de origen ilícito.

En este contexto y para responder a tales situaciones, en 1970 se estableció la Convención sobre las medidas que deben adoptarse para prohibir e impedir la importación, exportación y la transferencia de propiedad ilícitas de los bienes culturales.  

La Convención de 1970 fue el primer instrumento internacional dedicado  a la lucha contra el tráfico ilícito de bienes culturales en tiempos de paz y ya ha sido ratificado por 131 Estados.

Puedes descargar el texto íntegro de la Convención de 1970 haciendo click aquí.

Combatamos juntos el tráfico ilícito de bienes culturales

El tráfico ilegal de bienes culturales es una de las actividades ilegales más lucrativas. Se estima que mueve entre 6 y 8 millones de dólares al año a nivel mundial, según un informe del año 2011 de la Oficina de las Naciones Unidas sobre la Droga y el Delito (UNODC), y que la compra venta internacional de estos de bienes está financiando a grupos terroristas. Lejos de la idea de que el ladrón de arte y de otros bienes culturales es un tipo romántico, los ladrones y traficantes de bienes culturales son delincuentes comunes que solo buscan el dinero sin otorgar ningún valor a las piezas.

Centroamérica es una región muy rica en patrimonio, pero gravemente perjudicada. El tráfico ilícito – de bienes arqueológicos, arte religioso, patrimonio colonial e incluso el patrimonio cultural subacuático- es un flagelo que azota fuertemente esta región. El Consejo Internacional de Museos (ICOM) ha reportado que las exportaciones ilícitas de objetos culturales que se han interceptado en los últimos 20 años indican un incremento en el interés de objetos provenientes de Centroamérica. Estas prácticas causan un daño irreparable a la memoria y el legado de un país.

Este patrimonio basa su importancia en ser el conducto para vincular a la gente con su historia. Encarna el valor simbólico de identidades culturales y es la clave para entender a los otros pueblos. Contribuye a un ininterrumpido diálogo entre civilizaciones y culturas, además de establecer y mantener la paz entre las naciones.

Las instituciones culturales gubernamentales de cada Estado tienen un papel fundamental en la protección y conservación de estos bienes, pero la tarea para la salvaguardia del patrimonio cultural es de todos.

Debemos concienciar a las poblaciones aldeanas a los sitios arqueológicos de que estos bienes nos pertenecen, su extracción y venta no solo es ilegal sino un ataque contra la historia de nuestros pueblos. Asimismo, hay que trabajar con los cuerpos de policía y las aduanas, para crear unidades especiales que impidan que estos objetos puedan cruzar las fronteras con impunidad. Hay que establecer protocolos de actuación en las embajadas del exterior cuando se detecta la venta de objetos que han salido ilícitamente de su país de origen. Y es necesario tomar medidas para que los turistas no se lleven parte de nuestro patrimonio como suvenir, ya sea una un trozo de cerámica precolombina o una caracola de mar.

Pero esto solo será posible cuando tomemos conciencia del valor de nuestro patrimonio cultural y la necesidad imperante de que llegue a las futuras generaciones para que también puedan conocerlo y disfrutarlo.

 

Sector cultura de la Oficina UNESCO en San José